Uno de los grupos de plantas con mayor capacidad de adaptarse a espacios interiores sin duda es el de los filodendros. El género Philodendron tiene cientos de especies que presentan una gran diversidad de formas, tamaños y colores; pero todas requieren cuidados muy similares. Sin embargo, después de años observando cómo las personas cultivan plantas en interior, he notado que muchos problemas surgen por una razón muy simple: intentamos cuidarlas sin comprender de dónde vienen y cómo evolucionaron.
Verán, los filodendros no son únicamente plantas ornamentales, son especies que evolucionaron durante millones de años en las selvas tropicales de América, desarrollando adaptaciones sorprendentes para sobrevivir bajo la sombra de árboles gigantes, competir por la luz y aprovechar ambientes con alta humedad.
Su nombre proviene del griego philo (amor) y dendron (árbol), por lo que puede traducirse como "amante de los árboles", haciendo referencia a la tendencia de trepar utilizando troncos como soporte, aunque también pueden tener un crecimiento rastrero o colgante. En esta guía te explicaré cómo entender la naturaleza de los filodendros para no fallar en sus cuidados y te mostraré una selección de algunas de las especies más apreciadas por coleccionistas y aficionados. Comencemos:
Philodendron melanochrysum creciendo naturalmente sobre el tallo de un árbol (izq.) y sobre un tutor en interior de una casa (der.)
Luz indirecta muy intensa o luz solar directa del amanecer o atardecer, cuando la radiación no sea tan fuerte. Recordemos que en la naturaleza los filodendros trepan los árboles y estos les dan sombra en las horas más intensas de sol. Esto es lo que debemos replicar. Por lo que, en interior, idealmente deberán colocarse cerca de ventanas o en espacios con abundante iluminación, siempre y cuando no les dé el sol directo intenso, especialmente durante las horas más cálidas (se puede filtrar el sol con cortinas traslúcidas). Por otra parte, hay que evitar colocarlas en lugares excesivamente oscuros, ya que esto reducirá su crecimiento.
Cabe recalcar que las variedades de hojas más claras o variegadas suelen requerir más luz para sobrevivir (porque tienen menos clorofila y, por ende, menos capacidad para hacer fotosíntesis y requieren más luz para compensar) y para mantener sus patrones de coloración, pero resisten menos el sol directo, pudiéndose quemar más fácil por la radiación.
Los filodendros prefieren un sustrato húmedo, pero no encharcado. Deberás regar únicamente cuando los primeros 2 a 5 cm del sustrato se sientan secos (dependiendo del tamaño de la planta y la maceta). Asegúrate de que tenga un buen drenaje. El exceso de agua es una de las principales causas de problemas en este género, ya que favorece la pudrición de raíces.
En verano habrá que regar con más frecuencia, pero si vives en lugares con invierno frío deberás espaciar más los riegos, ya que la planta absorbe menos agua con temperaturas bajas; aunque a veces el ambiente está más seco en invierno y eso evapora más rápido el agua del sustrato. Para no fallar: siempre observa bien cómo se siente el sustrato antes de regar. Ante la duda, mejor no riegues.
Como los filodendros son plantas tropicales, disfrutan ambientes con humedad moderada a alta, entre 50 y 80% de humedad relativa. La alta humedad promueve el desarrollo y crecimiento de raíces adventicias, lo que les permite trepar árboles o tutores.
Como dato curioso: al trepar, la planta interpreta que está acercándose a una zona con mejores condiciones para sobrevivir y reproducirse, por lo que activa su fase adulta. A este fenómeno se le llama “morfogénesis ontogénica” o cambio juvenil-adulto. Muchos filodendros presentan cambios muy marcados: cuando son jóvenes producen hojas pequeñas con entrenudos más largos; invierten menos recursos en cada hoja porque interpretan que están cerca del suelo de la selva, donde hay poca luz. Sin embargo, cuando encuentran un soporte y comienzan a ascender, se activan respuestas fisiológicas relacionadas con el crecimiento: las hojas aumentan de tamaño, apareciendo generalmente nuevas formas foliares, y los tallos se vuelven más robustos, la planta “sabe” que se aproxima a zonas más iluminadas e invierte sus recursos en generar hojas grandes para captar más luz y obtener más energía. Esto no ocurre cuando mantienes al filodendro con porte colgante. Tú eliges qué forma prefieres.
Recordemos que los filodendros provienen de la selva tropical, por lo que su rango de temperatura óptima es cálido, entre los 18-30ºC, pudiendo soportar temperaturas más calientes (si el sustrato se mantiene húmedo). Sin embargo, no toleran bien el frío; se recomienda resguardarlas cuando la temperatura baje de 12ºC, aunque en mi experiencia, solo he notado daños en plantas jóvenes y hojas nuevas cuando baja de 7ºC. Si vives en lugares con inviernos fríos mi recomendación es que las plantes en macetas, no en suelo, para poderlas mover de lugar.
El sustrato debe ser ligero, aireado y con excelente drenaje. ¿Qué significa esto? Que no debe compactarse ni encharcarse al momento de regar, debe drenar fácil sin secarse demasiado rápido. Además, debe ser rico en materia orgánica, para imitar el ambiente de la selva. ¿Y cómo logramos todo esto?, utilizando una mezcla de tierra que contenga perlita, fibra de coco y humus de lombriz, básicamente. O alguna otra mezcla que promueva estas características.
La aireación es fundamental porque muchas especies de filodendros son hemiepífitas (que crecen sobre los árboles) y sus raíces están adaptadas a una abundante oxigenación, incluso, a veces pueden perder con el tiempo la conexión con el suelo.
Para que los filodendros trepen se pueden usar tutores de musgo, fibra de coco o estructuras de madera. Es importante que el tutor esté húmedo frecuentemente para que las raíces adventicias se desarrollen y se “peguen”. Recuerda que cuando trepan, suelen desarrollar hojas significativamente más grandes y con mejores formas.
Fertilizar solo durante la temporada de crecimiento activo, que es en primavera y verano. Aunque si vives en un clima tropical cálido, sin inviernos marcados, puedes fertilizar todo el año. Usa abonos naturales, como el lixiviado de humus diluido, cada 2 a 4 semanas.
Se pueden utilizar fertilizantes inorgánicos balanceados, como el triple 17 o alguno específico para plantas de follaje. Te recomiendo que lo diluyas a la mitad de la dosis indicada, aplicado cada 4 a 6 semanas, para evitar la acumulación de sales y quemaduras en las raíces, ya que los filodendros son sensibles al exceso de sales. Más fertilizante NO es mejor.
La poda consiste básicamente en retirar las hojas viejas amarillentas, marchitas o dañadas. Se puede podar al gusto para tener una planta con el tamaño deseado.
Los pedazos podados o “esquejes” pueden desarrollar raíces y convertirse en plantas nuevas. Solo basta con dejar secar la herida unas horas a intemperie y después meter en un bote con agua para propiciar el desarrollo de raíces (cambiando el agua todos los días), y ya después, colocarlos en una buena tierra (aireada, como se comentó anteriormente).
Hojas amarillas: generalmente se debe a un exceso de riego. Sin embargo, no siempre es el motivo y puede deberse a otros factores, como falta de luz, temperaturas muy frías, falta de nutrientes o presencia de plagas.
Puntas o bordes secos: generalmente está relacionado con baja humedad ambiental, falta de riego o acumulación de sales debido al exceso de fertilizante.
Plagas más comunes: arañita roja (es un ácaro), cochinilla blanca algodonosa y pulgones. Revisa el envés de las hojas con frecuencia para detectar las plagas a tiempo. Se pueden eliminar fácilmente utilizando remedios ecológicos como jabón potásico o aceite de neem.
En resumen, los filodendros son plantas tropicales que aman la humedad ambiental y sobreviven muy bien dentro de casa con luz indirecta. Quizás una de las razones por las que tantas personas se enamoran de ellos es porque pareciera que siempre tienen algo nuevo que mostrar: una hoja más grande que la anterior, con una forma inesperada o nuevos patrones de variegación, haciendo que cada hoja sea como una obra de arte única.
Al final, lo que te quiero dejar con esta guía es que cuidar un filodendro no se trata solo de seguir una lista de recomendaciones, sino de entender a la planta y acompañar a cada una en su crecimiento. Cuando logramos recrear las condiciones que la naturaleza diseñó para ella, la recompensa suele ser una planta vigorosa, espectacular y capaz de sorprendernos durante muchos años.
Dato curioso: En 2018 estas dos plantas fueron reclasificadas dentro del género Thaumatophyllum, por lo que oficialmente ya no se consideran filodendros, aunque se sigue considerando como un sinónimo. Esta reclasificación fue debido a pruebas de ADN que revelaron que evolutivamente son distintas al género Philodendron; morfológicamente es algo evidente de notar, ya que los filodendros tienen un porte trepador o colgante y estas dos especies desarrollan tallos leñosos, autoportantes y erguidos.
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